Partir, c'est mourir un peu

Diario de Viaje de una argentina en Andorra.

“Irse es morir un poco, es morir en lo que uno ama; dejamos un poco de nosotros mismos en cualquier momento y en cualquier lugar” escribía el poeta francés Edmond Haraucourt en su poema Partir, c'est mourir un peu que se me viene a la cabeza al regresar a casa después de cuatro meses fuera y preguntarme: ¿Qué hacer cuando al volver de un viaje te agarra esa famosa “depresión post-viaje”?

Toda persona que la ha vivido sabe perfectamente de qué hablo. Ese vacío casi existencial que te invade cada mañana al despertarte en un lugar que no estaba escrito en ese largo cronograma de destinos que planeaste antes de tomarte el palo de tu ciudad. Por más copada que sea tu vida, ella siempre aparece: la saudade. Ese anhelo de querer volver el tiempo atrás. Esa nostalgia de lo que ya fue y no va a volver a ser. Porque, no importa cuantos proyectos tengas, cada viaje es experiencia única e irrepetible.

Un vaivén de sensaciones de querer repetir cada uno de los momentos que disfrutaste. Y, ahí vamos de nuevo, ya pasó. Pero… ¿qué hacer para combatir este bajón que no te deja terminar de aterrizar? Caminar, leer, llorar, trabajar  y mil otras pero ninguna va a superar: ESCRIBIR.

“Crisis es Oportunidad” me dijeron una vez: depende de uno aprovechar esos momentos críticos en los que necesitas un cambio, ya sea la misma rutina, la zona de confort, un corte amoroso o un ciclo laboral. En una de esas estaba yo cuando, en Agosto, me auto regalé un viaje a Ushuaia. ¿Por qué el fin del mundo? Hasta ese momento no tenía la respuesta pero todas las coordenadas indicaban Tierra del Fuego.

Llegó el 18 de agosto y partimos con mi mejor amiga. Primer viaje juntas a esquiar, ni siquiera sabíamos cómo se subía a la aerosilla. Pero esa era la misión del viaje: subir hasta aprender a bajar. En el único día que fuimos al Cerro Castor decidí que quería hacer del snowboard, mi estilo de vida. Pero ¿cómo hacer eso sí en Córdoba no tenemos nieve? Y, ahí fue cuando surgió la charla con Fred, mi amigo de Ushuaia que me dijo “Andate a Andorra.” “¿Andorra?” le respondí. Si! ahi vas a poder trabajar y aprender a esquiar.

Al llegar a Córdoba, saqué el pasaje. Sabía que podía tomarme el verano y que iba a aprovechar más la temporada allá que acá. Empecé a preguntar sobre los papeles había que tener en Andorra para trabajar: CV y antecedentes penales sellados por La Haya. Si tienes pasaporte europeo, también el certificado de ese país.

Llegó noviembre y todavía no podía creer que me estaba yendo a vivir a un lugar desconocido, sin trabajo, casa y con sólo 300 euros. El 24 partí a Barcelona para tomarme un bus a Andorra. En la terminal me esperaban Angel y Juan, dos “conocidos” que terminarían siendo casi mis hermanos.

¿Cómo consigo trabajo? fue la pregunta que les hice (la misma que me hicieron más de cien personas hasta el momento). Y la respuesta fue: buscando. Pero ellos supieron guiarme de la misma forma que lo voy a hacer yo ahora. Primero: grabarse la frase: “el que busca, encuentra”. Segundo: estar predispuesto a trabajar. Tercero: tener paciencia. Cada año, es mayor la cantidad de argentinos que va a buscar trabajo a Andorra. ¿Por qué? Porque, al no ser parte de la Unión Europea, no necesitas ninguna visa ni pasaporte para quedarte trabajo toda la temporada (de noviembre a abril) mientras estés trabajando. Por eso, es importante llegar en noviembre como muy tarde.

Hay trabajo en el ámbito de la gastronomía, hotelería, turismo o el deporte. Las ofertas pueden encontrarse en el grupo de facebook Argentinos en Andorra, recomendaciones de amigos o clasificados en el diario pero lo más importante es presentarse personalmente. Los contactos sirven a la hora de encontrar un puesto y la experiencia previa es relevante pero no excluyente. Todos aprendemos a ser ayudantes de cocina, llevar bandejas, tratar bien a los clientes, estar a cargo de una recepción, lavar platos o tender camas. Si, en Andorra puedes terminar trabajando de lo que sea. Para tener cargos “mejores” es clave hablar varias lenguas (el inglés y el francés son los más valorados) y, aunque el idioma oficial en Andorra sea el catalán, con el español, zafas.

Cada empleador tiene cupos para empleados comunitarios (con pasaporte europeo) y extra comunitarios (países extranjeros a Europa), la primera categoría tiene prioridad, pero esto no es taxativo.

Lo que te determina es la famosa “Tarjeta Verde” que te permite “residir” y trabajar en el país. Este documento te lo da el empleador que te contrata, lo que no significa que siempre tengas que trabajar en el mismo lugar. Lo ideal es que si te comprometes, lo cumplas, pero hay factores que pueden hacer que esto cambie.

Yo empecé trabajando en el restaurante más alto de todo Andorra, por ende en las pistas más extremas. Arcalis era ese lugar de ensueño, en donde pasaba diez horas trabajando y una esquiando. En un centro de esquí, el equipo es enorme: remonteros, pisters, instructores forman parte de esta gran familia.

En Andorra hay dos centros: Vallnord y Grandvalira. El primero es más familiar (dos zonas: Arcalís y Pal/Arinsal) mientras que el segundo (5 estaciones: Canillo, Tarter, Soldeu, Grau-Roig, Pas de la Casa) es más marketinero.

Si trabajas en cualquier montaña vas a tener que enfrentarte a a temporales, agarrar la pala y bancarte el frío. Cualquiera que haya visto mi Instagram, sabe cuánto me gustaba pelear hasta que tuve que dejar la pala del Camel Lounge para hacerme cargo del check in del hotel de El Serrat.

Trabajar con más de 100 personas de tu edad es lo más divertido de hacer temporada invernal aunque, salir a las 7 de la mañana para volver a las 7 de la tarde a tu casa no está tan bueno si tenés que trabajar para otro continente con una diferencia horaria de 5 horas. En cambio en los hoteles, se trabaja de 7 a 15h o de 15 a 23h. Pero el clima es más formal y profesional, por lo cual necesitas más idiomas y experiencia. Lo mejor de trabajar en hotelería es que, si conseguis con tiempo tu puesto, te pueden dar hasta hospedaje.

También se puede hacer horas extras o suplencias como hice en escuela de Esquí de Grandvalira. Para esto, hay que estar atento a los grupos de Facebook.

Para vivir, es importante ubicarse en “parroquias” cercanas al trabajo. Todas estas zonas andorranas son super seguras, a nivel que se puede hacer “dedo” a cualquier hora. La gente es muy generosa y la sociedad muy trabajadora. En Andorra se trabaja 6 días por semana, y los días fuertes son los feriados, fines de semana y fechas importantes. Durante la temporada, no podes viajar mucho porque no hay muchos días libres y Andorra está bastante aislado. Las ciudades más cercanas son Toulouse y Barcelona a dos y tres horas respectivamente. Aunque si hay tráfico, por accidentes o nieve, salir puede llevarte más de cinco horas.

Por eso, la mayoría de los temporeros terminan de trabajar en Abril y empiezan a viajar. O sea, ellos ahora están empezando sus merecidas vacaciones. En mi caso, fue antes porque volví a la productora donde trabajo, esa fue la feliz razón que me hizo dejar a mi anhelada Andorra, la cual recuerdo escuchando rap y viendo Merli. Pero no por mucho tiempo, porque.. otro verbo que sirve para esta depresión post viaje es: VOLVER.